En aquel verano olímpico, cada
vez que su padre le anunciaba que iban a salir las chicas de gimnasia artística,
se plantaba frente al televisor, y sobre la alfombra de algodón jugaba a repetir
con torpeza los movimientos imposibles que hacían aquellas muchachas que
representaban a distintos países. Cuando fuese más mayor, pensó, se movería
como ellas y lanzaría besos a su mamá y a su papá que, desde su casa, se
sentirían los padres más felices del mundo.
Meses después, el día que cumplió
seis años, una vez colmada de regalos, sus padres le anunciaron que durante el verano
iban a pasar juntos unos días en el mismo país de donde era Cobi, el perrito
tan simpático y deportista que su hija tanto había coloreado. En realidad, sentía cierta debilidad hacia él
por haber nacido el mismo año que ella. La niña dio un salto de alegría y les
mostró esa sonrisa desdentada que les fortalecía hasta sentir minimizados los
duros sacrificios que a diario sacaban adelante.
Cuando Sofie estaba a punto de
marcar con la suela de sus pequeñas chanclas la arena de la playa, contempló asombrada
la grandeza del mar: era la primera vez que no lo veía en la pantalla de la
televisión y se sorprendió. Nada más observar a las personas que disfrutaban
dentro del mar nadando y jugando inflados de alegría, Sofie agarró con
determinación la camiseta de su madre y le suplicó que le pusiese rápidamente los
manguitos de Disney pues no podía esperar más para darse su primer
chapuzón.
Si estuviese entre nosotros ahora
tendría 24 años. Probablemente habría desvelado algunos misterios del amor e
igualmente ya habría disfrutado de algunos viajes inolvidables; asimismo, habría
tenido tiempo suficiente para sentir los vaivenes arrogantes del dolor
irreparable en la edad adulta. Pero el destino quiso convertirla en una niña
eterna destinada a jugar y jugar, mostrando sin complejos, diáfana, su hermosa
sonrisa desdentada. Feliz para siempre.

8 comentarios:
Un viernes por la tarde, caminando por una zona del litoral catalán que nunca había visitado (preciosa por cierto), cercana a la orilla de una playa me sorprendió una placa, adornada con flores, con una inscripción que contenía una cruz cristiana, un nombre extranjero y dos fechas. La curiosidad me pudo y busqué por la red hasta encontrarme con la cruda realidad. Esa placa está dedicada a Kathleen, una niña belga de seis años que falleció cerca de esa playa el verano de 1993. Este es el enlace de la única noticia que encontré que hablaba sobre el fatal desenlace:
http://hemeroteca.lavanguardia.com/preview/1993/07/09/pagina-31/33718106/pdf.html
La playa es la mostrada en la imagen, sacada de Google Maps.
Uff, con historias así se me forma un nudo en la garganta con el que te cuesta hasta tragar.
Es triste que muera gente por accidentes, pero si son niños que apenas están empezando a vivir, pues todavía más.
Y los que quedan tienen que sobrevivir a eso, marcados de por vida. Porque en el caso que has puesto, al margen de los padres de la cría, al conductor del camión no se le podrá olvidar en su vida, haya tenido o no culpa.
Como suelen decir, toquemos madera para que no tengamos que vivir experiencias así.
Un saludo, kocrann, bonito texto.
¡Cuánta sensibilidad!,y qué bonito homenaje, y bueno creo que la gente que nos recuerda estemos donde estemos, pienso que tiene que existir algun tipo, -no se qué en realidad-, pero una buena energía por así decirlo que se transmita.
Yo quiero pensar algo así, ante la tristeza de la vida, y este tipo de accidentes que no hay manera de explicar, en el caso de lo niños pues con más inri todavía.
Precioso, ahora tú no me hagas llorar, que estas cosas pueden conmigo(trabajo con niños) ains...
Muchos besitos.
Jooooooooooooo qué triste :'(
Ains.
Es muy bonito, pero vaya tela... y encima basado en hechos reales...
Un besito
Jose,
la verdad es que he podido encontrar poca información de la noticia, pero como tú bien dices, el conductor y los padres de la pequeña jamás van a olvidar este trágico suceso.
Con noticias así te das cuenta de lo frágil que puede llegar a ser una vida humana.
Un saludo.
Vick-al,
da esperanza pensar que la cosa no acaba aquí.
No sabía que trabajaras con niños, como muchos bloggers que sigo o he seguido. Es curioso...
Un beso.
Hola Yo,
así es. La vida también tiene estas cosas...
Un beso.
Hola Kocrann!
Me encantó encontrar tu comentario en mi blog.. y regresar aquí, y leer un texto como este. Lo cierto es que la historia es un poco triste.. pero así es la vida muchas veces.
Leí en tu perfil que ya habías acabado la carrera (la misma que la mía) .. ¡Muchas felicidades! ;)
Ahora que instalé internet en mi nueva casa, me pasaré por aquí más veces.
Un besito!
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