jueves 4 de febrero de 2010

Dime, ¿qué son?

Foto extraída de este enlace




Apreciada alma,
¿qué es un sueño?
Contéstame como calma...


Es un retrato fiel y verdadero,
un refugio en mitad de la nada,
quizá un motivo caído del cielo,
una respuesta a tanta chorrada.

Sin duda un lleno en el vacío,
una sorpresa al final del camino,
acaso un destello suplicante mío
capaz de iluminar un destino.

Querido amor,
¿qué es un sueño?
Respóndeme, por favor...


Son dos labios comiéndose a besos,
un huracán indomable de pasión,
un diluvio acelerado de versos
que arrecia si llega al corazón.

Es como salir de un coma profundo
y rescatar todo el tiempo perdido;
es desvelar el lenguaje del mundo
porque al fin se es correspondido.

Estimada razón,
¿qué son los sueños?
Dime, ¿qué son?...


Son indicaciones difusas,
dudas siempre permanentes,
mareantes montañas rusas
aptas sólo para valientes.

También dosis de constancia
lanzadas desde el interior;
trenes de larga distancia
rumbo a alguna dirección.

jueves 28 de enero de 2010

Otra dimensión

El parque no estaba ataviado con el vestido del fin de semana. El horario escolar le había arrebatado decenas de arrullos alegres y despreocupados que solían asaltar en una manifestación de vida toboganes, columpios y demás templos de la diversión. A pesar de ello, no parecía sentirse solo, pues una mezcla de sonidos tenues y penetrantes se colaban por doquier, dando una sensación de profundo bienestar a los pocos transeúntes que caminaban acompañados sin acompañante.

Frente a la rampa desierta sobre la cual muchos chicos acostumbraban a hacer malabares con sus monopatines, unos ojos verdes e impasibles se posaban sobre lo invisible. Una chica estaba sentada al revés en un banco de tal forma que sus codos descansaban sobre la parte superior del respaldo. Vestía de negro, como la tristeza, aunque la bufanda rosa que rodeaba su cuello daba cabida a la esperanza. Sus manos sujetaban un pequeño cuaderno y un lápiz. A su lado, una mochila, también negra, delataba que estaba haciendo pellas en el instituto.

Aquel desafío a la normalidad la diferenciaba de la mayoría, pero parecía no importarle. Su silueta estaba protegida por una áurea que sólo podían llegar a apreciar los más observadores. Cada cierto espacio de tiempo, la joven hacía patinar el lápiz deliciosamente sobre el papel, como si temiese que de no hacerlo así se deslizarían trazos ajenos a lo más profundo de ella misma. Observarla conmovía y renovaba.


El hechizo duró menos de lo deseado. Un hombre que daba bramidos por el móvil desgajó los hilos que interconectaban con aquella fascinante dimensión. La chica se sobresaltó y guardó la libreta en su mochila.

domingo 10 de enero de 2010

Princesas rotas

Foto extraída de este enlace


Layla ha cumplido quince años
y tiene una vida por delante,
pero un sinfín de desengaños
la atormentan a cada instante.

Llora de pena en su habitación
dolorida y desconsolada,
ajustándose furiosa el pantalón
fuera de sí, desesperada.

"Estoy gorda como una ballena,
seguro que nadie se fija en mí.
Doy asco, ojalá me muera,
soy horrible, no merezco vivir."

Layla no quiere ser invisible,
sino una atractiva princesa,
dulce, galana e irresistible
de los pies a la cabeza.

Al momento se siente observada
por alguien apoyado en la pared.
¡Es una niña con poses de hada!,
No se lo acaba de creer...

La estancia se llena de luz
y la chica pregunta intrigada:
"Soy Layla, ¿Quién eres tú?"
"Soy tu amiga. Me llamo Ana."

Pronto le confiesa su anhelo
a su nueva y misteriosa amiga,
mientras la observa con recelo
esperando lo que ella diga:

"Es un sueño increíble
y tiene por nombre perfección,
pero solamente es posible
entregándole tu sumisión."

Al escuchar tal revelación
la muchacha firma engañada
un contrato desde el corazón
que la convertirá en esclava.

Esclava de su obsesión...

martes 5 de enero de 2010

Noche de los sueños

Tal vez la noche del 5 de enero haya sido la que más ilusión me haya dado globalmente a lo largo de mi vida, incluso más que la propia Nochebuena o que mi cumpleaños. Esa sensación de recibir los regalos ni más ni menos que de manos de los Reyes Magos de Oriente. Mi idilio con ellos es tan fuerte que jamás lo ha podido turbar ni ese señor tan alegre, generoso y orondo llamado Papá Noel. Y es que mi fidelidad a prueba de balas hacía Melchor, Gaspar y Baltasar siempre estará ahí, ofreciéndome un hormigueo por estas fechas que las palabras jamás podrían llegar a describir con total plenitud.

Imagen extraída de aquí

Sólo basta salir a la calle y mirar los ojos de los más pequeños para darse cuenta de que este día no es como las demás. Hoy el aire está impregnado de unas partículas cargadas de un cúmulo de misteriosos hechizos, los cuales son los culpables de que ahora mismo mantenga en mis labios una estúpida sonrisa que irradia ilusión. ¿Ilusión de qué? De sentir todavía, a pesar de que cada año todo es más complicado, esa mágica sensación que recorre todo mi cuerpo cuando vuelvo a escuchar el ruido de los barcos en el puerto anunciando la llegaba de Sus Majestades cargados de regalos. De recordar esos instantes en los que caminaba hacía la cabalgata esperando recoger muchos caramelos, mirando de reojo al llegar todos los paquetes envueltos de las carrozas, imaginando torpedeado con escalofríos que tal vez mis regalos estaban ahí mismo. Y esa asombrosa noche, que deseaba que pasara lo más rápido posible, aunque años después comprendiese que uno de los mejores momentos era precisamente esa dulce espera.

Hoy, con motivo de la celebración número 100 de la cabalgata de Tarragona, la han retransmitido en TVE para Cataluña y mis ojos se han perdido en sus calles, observando también la cara ilusionada de niños y niñas que respondían tímidos a los periodistas que les preguntaban qué habían pedido a los Reyes Magos.

En mi blog no suelo colgar muchos vídeos de youtube, pero el siguiente no he podido evitar ponerlo. Es un vídeo que me enlazó una bloguera y desde entonces he planeado publicarlo en mi espacio precisamente hoy (espero que a ella no le importe). Son 10 minutos que te aconsejo que veas a solas, con calma y sin perder detalle. Es mi regalo de Reyes para ti. Tal vez viéndolo te des cuenta de que no eres tan mayor como pensabas.

jueves 31 de diciembre de 2009

¡¡FELIZ 2010!!

Siempre he sentido el 31 de diciembre como unos de esos días en los que, por decirlo de alguna manera, las gafas a través de las cuales vemos la vida se libran de ese vaho que la mayoría de días ha estado empañando los cristales. Como si los últimos instantes del día fuesen suficientes para hacer el balance de lo bueno y malo con la claridad necesaria.

Personalmente este año no ha sido uno de los más brillantes de mi vida aunque tampoco de los peores. Hubiese pasado sin pena ni gloría, salvo por un funeral, una boda, una emancipación y los 6 títulos conseguidos por un Barça de ensueño. Pese a todo lo ocurrido, no quiero ser injusto con 2009 y voy a intentar recordarlo también, quedándome además con otros buenos momentos, como conversaciones sinceras y la calidad humana de las personas que directa o indirectamente me han marcado un poco más si cabe el camino que siempre intento pisar con orgullo; y también con los errores, porque pasó lo que pasó, equivocado o no, lo hice lo mejor que pude.

Para 2010 pido sobre todo salud para seguir dando guerra, además de que esta maldita crisis vaya desapareciendo y no se cometan los errores del pasado, para que no paguen justos por pecadores…

FELIZ AÑO NUEVO A TOD@S!! Que 2010 esté cargado de momentos inolvidables para tod@s vosotr@s.

domingo 27 de diciembre de 2009

Vacíos

"Pozo sin fondo" de Eneko


Vacíos que revelan,
aíslan y recuerdan,
que siempre dicen la verdad,
que atan al futuro con cuerdas
clamando lo que se niega a escuchar.

Vacíos que maltratan,
humillan y condenan,
que piden sentencia sin piedad,
que envenenan a quien los alimenta
hinchándose cada vez más.

Vacíos que pudren,
golpean y apuñalan,
que graban con un fuego infernal,
que lapidan con pesadas piedras
obligando hasta la muerte a agonizar.

Vacíos que lloran,
abrazan y consuelan,
que advierten que algo anda mal,
que no son invencibles
si uno mismo los sabe llenar.

jueves 24 de diciembre de 2009

Suspiro de Navidad

I

Aleix siente con orgullo cómo sus mofletes se van hinchado fruto del frío cortante que lo sitia constantemente. Podrá contar convencido a sus amigos del barrio que ha plantado cara de forma heroica al frío afilado de montaña. A su lado, su prima Ariadna, demasiado pequeña para comprender el significado de la sonrisa que se dibuja en el rostro descubierto del chico, prefiere parecer un ovillo andante antes que acabar resfriándose. Ataviada con un gorro de lana, una bufanda, unas manoplas de colores y un abrigo que ensancha sobremanera su menudo cuerpo, ha quedado inevitablemente hechizada por el crujir que sus botas rosas van provocando al pisar la nieve.

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Delante de ellos, sus respectivos padres arrastran jadeantes y alegres un abeto con cepellón de tierra hacia su casa. Lo han extraído del bosque que rodea el poblado mientras escuchaban embelesados el agonizante fluir del cauce casi helado del río. Los cuatro caminan en silencio, fascinados, cada uno a su manera, por el espectáculo de belleza tan difícil de encontrar en la urbe en la que viven a lo largo del año. Hace varias horas que ha dejado de nevar y la nieve se ha asentado suavemente sobre los tejados. Las calles, todas empedradas, lucen coquetas sus vestidos blancos de invierno. La textura de las fachadas embriaga. El color oscuro del humo que emanan las chimeneas invita a soñar. Un olor mágico se respira por doquier. Huele a Navidad…

II

Aleix observa sentado a pocos metros de su tío cómo éste va introduciendo leña en la chimenea. Rápidamente el fuego se excita y el crepitar de los leños le empieza a contar cuentos extraordinarios que sólo él logra adivinar. Su padre está acabando de colocar el abeto en una maceta enorme y su tía y su madre están jugando con Ariadna, que no para de explicarles entusiasmada que ha visto un ciervo enorme en el bosque. La niña intenta imitar con sus pequeñas manos pegadas en las sienes lo grandes que eran sus cuernos. Las dos mujeres sonríen emocionadas. Intuyen que esa imagen la recodarán con extremo cariño a lo largo de sus vidas.

Los seis empiezan a adornar el árbol. La calidez del fuego de la pequeña estancia no puede reprimir varios escalofríos en el corazón de los adultos.
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El tiempo parece pararse ante ellos pero lo cierto es que ya han pasado más de dos horas desde que empezaron a colocar los adornos. Canturrean villancicos y sonríen. En la casita de la montaña no hay ordenador; ni tan siquiera televisión. Pero no los echan en falta. Se han olvidados por un instante de esos aparatos tan imprescindibles.

III

Ha empezado a nevar y Aleix y Ariadna han suplicado a sus padres que les dejen salir a la calle, que quieren hacer un muñeco de nieve. Después de mucho vacilar ceden, con la condición de que no deben alejarse de casa.

Todos los adultos acaban por sentarse junto a la chimenea, excepto Gloria, la madre de Aleix, que observa entre visillos cómo decenas de niños y adultos disfrutan de este día tan especial jugando con el agua helada. Mientras tanto, su hijo y su sobrina acumulan en una fracción de suelo bolas de nieve cada vez más grandes. “Allí dentro está el corazón del muñeco de nieve”, piensa la mujer sorprendiéndose a sí misma. No puede evitar ofrecerles ayuda para elaborar las futuras facciones de la cara del cuerpo inanimado. Hacía tiempo que no sentía tanta vitalidad y energía. Tal vez desde aquella escapada, distante en el tiempo, que hizo a los dieciséis años junto a sus dos mejores amigas desafiando a sus padres con sus alocadas ansias de vivir. Gloria comienza a disimular sus lágrimas.

Después de mucho esfuerzo, Ariadna y Aleix logran acabar el muñeco de nieve. Se va a llamar Regalo. Sus ojos son dos botones negros, su nariz una zanahoria y su boca una sonrisa de carbón. Su enorme cabeza está adornada por un sombrero de copa y su cuello protegido por la bufanda de Ariadna. Ha estado hecho con tanto amor que es capaz hablar, razón por la que pronto se hace amigo de los dos niños. De pronto todo se ilumina a su alrededor. Es la luz de la Navidad…


IV

Ariadna y Aleix, amparados en el calor de las sábanas de sus camas, se tapan los oídos con la almohada para no escuchar las voces alegres de sus padres, los cuales están recogiendo los restos de la cena. Quieren que se vayan a dormir para evitar que los renos que acompañan a Papá Noel puedan asustarse. Los pequeños están algo nerviosos y no es para menos: mañana es Navidad. De forma repentina Aleix se levanta de la cama y se dirige hacia la ventana para saludar a su amigo de nieve. El muñeco les desea buenas noches. Ariadna quiere que la noche pase rápido para bajar de dos en dos las escaleras y dirigirse hacia el árbol de Navidad donde reposará su regalo. Ha pedido paz en el mundo y una muñeca gigante a la cual tratará como a la hermana que nunca ha tenido.

Siguen inquietos. No paran de hacerse preguntas. ¿Habrá leído Papá Noel mi carta? ¿Se acordará de lo que le he pedido? ¿Sabrá que esta Navidad la estamos pasando en una casa fuera de la ciudad? ¿La chimenea será lo suficientemente grande como para que Papá Noel pueda entrar? ¿Me habré portado lo suficientemente bien?


Inesperadamente, los dos pequeños oyen cómo la tenue voz de Regalo entra en escena y les empieza a susurrar con tanta ternura que sus párpados empiezan a ceder:

Dormid pequeños,
que habéis sido buenos,
dormid sin miedo,
que la Navidad va a escribir vuestros sueños…

FIN

foto 1 estraída de aquí

foto 2 estraída de aquí

foto 3 estraída de aquí

foto 4 estraída de aquí